Personalmente, me encanta la manera en que Guayasamín retrata los sentimientos en sus obras de arte. Él capta la emoción en una forma tan precisa y transmite esa emoción a cada espectador. Por ejemplo, en “Lágrimas de Sangre,” puedo sentir el miedo y el terror. Guayasamín presenta una realidad tranquila y dolorosa en “El Mestizaje,” y demuestra el poder de la unidad en “La Familia.” Esta habilidad única transforma sus obras de arte en obras maestras. El arte de Guayasamín demuestra un equilibrio entre la ternura y la tortura, que ofrece una dicotomía muy fuerte.
En mi opinión, los cuadros de Guayasamín son abstractos y realistas al mismo tiempo. Se trata de colores o incoloro, son simples o complejos, son geométricos u orgánicos. O su obra es una combinación de todas estas cosas. La estructura física de “Capilla de Hombre” presenta un conjunto similar de contradicciones: el edificio es industrial y frío, pero llena de obras de arte que se desborda de emoción.
A pesar de todas las obras de arte de Guayasamín se completó en el siglo XX, me di cuenta de que su arte no es temporal o efímero. Este es el arte que impregna más allá del tiempo y caracteriza las luchas de nuestro mundo. Guayasamín cuenta la historia en maneras diferentes: a través de manos, flores, rostros, colores, sombras y sentimientos crudos. Si miras a los ojos de los retratos de Guayasamín, podrás ver el dolor del sufrimiento y la fuerza de la esperanza. Además, encontrarás un pedazo de la vida de Guayasamín.
Las luchas se presentan en obras de arte de Guayasamín trascienden las luchas de su vida, las luchas de la ciudad de Quito, las luchas del Ecuador, y las luchas de América del Sur. Estas son las luchas de la humanidad y las luchas del pasado y del futuro. La llama es eterna.


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